La tecnología ha formado parte de mi vida desde siempre, y desde 2003 la convertí en mi profesión. Durante años he trabajado abriendo equipos, diagnosticando fallos, reparando hardware, sustituyendo componentes, montando sistemas y dejándolos operativos. Resolver problemas técnicos dejó de ser solo una pasión para convertirse en mi día a día. Mientras otros soñaban con ser médicos, yo acabé siéndolo… pero de la tecnología.
He trabajado tanto como autónomo como para distintas empresas, lo que me ha permitido adquirir experiencia en entornos muy diversos dentro del ámbito tecnológico. Mi especialidad se centra en la informática, con especial atención al hardware y las redes, trabajando no solo con sistemas habituales como ordenadores, consolas y dispositivos móviles, sino también con equipos menos comunes como cajeros automáticos, impresoras financieras, centralitas telefónicas o balanzas de pesaje.
La experiencia con clientes particulares y empresariales me ha enseñado que ningún fallo es pequeño. Para el cliente siempre es importante, y no solo importa que el sistema vuelva a funcionar, sino cómo se resuelve el problema. No hay margen para improvisar: entender el sistema, actuar con criterio y minimizar el impacto es clave.
Aunque muchas tareas puedan parecer similares, ninguna intervención lo es realmente. Cada cliente es diferente y cada sistema se comporta de forma distinta. Por eso, no concibo soluciones estándar. No es lo mismo preparar un equipo para un diseñador gráfico que para un usuario básico, y mi forma de trabajar siempre ha priorizado ofrecer la solución adecuada, aunque eso implique renunciar a una mayor rentabilidad. La satisfacción del cliente ha sido siempre una prioridad.
Gran parte de mi experiencia se ha construido en situaciones donde no existen manuales claros. Avería tras avería he desarrollado un criterio práctico que me permite trabajar con seguridad, fruto de haber afrontado sistemas complejos y entornos exigentes. Desde la reparación y mantenimiento de cajeros automáticos y balanzas —muchas veces en establecimientos abiertos al público— hasta otros sistemas tecnológicos poco habituales, cada experiencia ha ampliado mi conocimiento real del sector.
A esto se suma el trabajo en cableado estructurado y redes, tanto domésticas como empresariales. Desde configuraciones básicas hasta instalaciones completas en obra, incluyendo armarios de comunicaciones y fibra óptica, donde no hay margen de error y cada decisión cuenta. Este tipo de responsabilidad refuerza una forma de trabajar metódica, ordenada y consciente de las consecuencias de cada paso.
Todas estas experiencias han forjado un criterio basado en la práctica, no solo en la teoría. En el mundo del hardware y las redes, saber qué tocar, cuándo hacerlo y cuándo no, marca la diferencia. Y esa diferencia solo se adquiere con muchas horas reales de trabajo de campo.